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miércoles, 8 de julio de 2015

Descubriendo a Mike Cahill. I Origins y Another Earth.



Superada ya la época de exámenes, vuelvo a la carga. En esta entrada voy a hablar de dos películas que vi allá por abril, y cuya reseña he ido posponiendo hasta el día de hoy. Esto tiene algo bueno, y es que al escribir críticas sobre películas que acabas de ver, cuando todavía estás «en caliente», tiendes a ser más subjetivo, a ensalzar sus virtudes en exceso o arremeter injustamente contra sus defectos. Lo malo es que con los meses he olvidado muchos detalles y voy a tener que escribir esto con el recuerdo -más general- que todavía perdura.

Cuando leí la sinopsis de I Origins, sospeché de inmediato por dónde irían los tiros, pues conocía el argumento antievolucionista sobre el origen del ojo humano. La premisa prometía, así que me puse a verla. Y oye, la película no podía empezar mejor. No tardé en sentirme profundamente identificado con el protagonista, un biólogo de férreos valores basados en el pensamiento crítico y científico, que aspira a encontrar el origen evolutivo del ojo humano para acabar con el argumento de la complejidad irreducible que defienden los partidarios del diseño inteligente.

El tío acude a una fiesta y conoce a una chica que oculta su rostro tras una máscara, todo a excepción de sus ojos, los ojos más increíbles que nuestro protagonisa había visto jamás, con una heterocromía central que no duda ni un momento en fotografiar. Y la tipa va y le pregunta que si sabe lo que es un phasianidae. No sé cuántos ornitólogos habrán visto la película, pero tanto ellos como yo lo supimos. En ese momento pensé que el director podía estar mandándome un mensaje en clave. ¿Ciencia vs religión? ¿TAXONOMÍA AVIAR?, no podía ser casualidad: la película estaba hecha para mí. Mike Cahill me conocía, de alguna forma.


Le perdonamos este Deus Ex Machina a la película, ¿vale?


Bromas aparte, I Origins me pareció exactamente la clase de película que a mí me gustaría hacer (si tuviese el talento cinematográfico necesario, claro). Pero su mayor virtud es algo que yo no habría sabido tratar con tanto acierto, y es que el director consigue conciliar ciencia y religión (más bien espiritualidad) de la forma más respetuosa que he visto en una obra de ficción, sin presentarnos a la primera como una verdad absoluta ejercida por condescendientes eruditos ni a la segunda como un dogma venenoso venerado por paletos ignorantes.

No necesito compartir las ideas de la película con las mías propias para disfrutar de la misma, y muy garrulo tendría que ser para ofenderme por la historia que Cahill nos cuenta, para empezar porque es una película de ciencia ficción. Pero sobre todo porque el mensaje del director no es «eh, cientificuchos, que la religión es lo que se lleva ahora, pringaos». Igual me equivoco, pues a diferencia de él a mí yo no le conozco a él, pero veo bastante claro que tan solo quería desafiar la realidad de su mundo ficticio. Vamos a ver, que la escenita post-créditos lo deja bastante claro. Es difícil entrar en detalles sin hacer EL SPOILERAZO, así que aquí me quedo. 

Un ejemplo de esto mismo pero mal hecho es Lucy, la desafortunada película del año pasado que no hace sino extender el -odiado por psicólogos- tópico de que solo usamos un 10% de nuestra mente. Utilizar la ciencia ficción para alimentar un dato falso que además ya está bastante asentado en el saber popular no es lo mismo que usarla para inventarnos a un tipo en mallas que lanza redes y escala muros.

Bueno, el caso es que la película me gustó tanto que busqué al director con intención de continuar con su fimografía y resultó que solo había una más, Another Earth. Otra premisa cienciaficcionesca igualmente interesante: de repente un día aparece en el cielo otro planeta Tierra.


 
Es gracioso porque la imagen es igual que la de I Origins que he puesto más arriba.


Tras el visionado de la opera prima de Mike Cahill me di cuenta de algo. Este hombre no nos está contando historias de ciencia ficción, lo que quiere es hablarnos del sentimiento de duelo utilizando el género como contexto, como vehículo de la trama.

Creo que merece la pena seguirle la pista al melenudo director. Si mantiene el nivel (de momento va in crescendo, pues su última película es la mejor de las dos) podría hacerse un hueco en el Olimpo del género. No exagero, ¿eh? Por lo menos en mí ha encontrado a un fiel seguidor. Que cuente con mi cartera de aquí en adelante.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Under the Skin. Scarlett Johansson desnuda caminando hacia atrás.





Quería dedicar una entrada a este extraño y perturbador engendro (en el mejor sentido posible) cinematográfico que descubrí hace unos semanas. Supongo que acudí a la película atraído por sus dos reclamos más llamativos: la trama, que difícilmente podría dejar indiferente a nadie (Scarlett Johansson interpreta a un alienígena que, disfrazado de Scarlett Johansson, se dedica a seducir hombres para llevárselos al catre y comérselos) y el desnudo integral de la actriz que tanto revuelo había causado meses antes. A ver, no es que viese la película de propio para disfrutar de la Viuda Negra en paños menores, aunque debo reconocer que como incentivo es un recurso efectivo. Pero me interesaba más el hecho de que una actriz como ella, que suele moverse por territorio blockbuster y es conocida mayormente por los mismos (o esa sensación me da), hubiese decidido apostar por esta película, y lo que es más, creerla merecedora del primer desnudo integral de su carrera.

Lo cierto es que Under the Skin es una buena película de ciencia-ficción, o al menos, de las que a mí me gustan. Si bien la premisa de partida parece estar ideada únicamente para alimentar el morbo, debo advertir que la película puede llegar a decepcionar si esperas ver Saw con extraterrestres. Abstenerse adolescentes con descuartizamientos y ríos de sangre en mente. Y también aquellos en busca de nuevo material onanístico (es algo que entiendes durante su visionado). Bueno, hay un plano detalle de los labios de Scarlett comiendo tarta que contiene más erotismo que cualquier desnudo de la película. Con eso sí que os permito fantasear.






Under the Skin no es esa trama de película de serie B que nos vende en su sinopsis, sino más bien un curioso retrato de la condición humana desde un punto de vista ajeno a nuestra especie. Un debate interno entre las directrices a las que el alienígena está sujeto y la curiosidad irrefrenable que, como ser inteligente que es, le produce un entorno que invita a ser explorado.

Es una película sutil. En ningún momento se verbaliza la trama, nadie te explica que estás ante una cosecha de humanos orquestada por un grupo de extraterrestres, es algo que se sugiere. Para que os hagáis una idea, la primera escena de la película está compuesta por una serie de imágenes abstractas que parecen evocar un viaje espacial, mientras la voz de Scarlett Johansson ensaya distintos sonidos del lenguaje humano. ¡Esto es narrar aprovechando los recursos del cine! A estas alturas, Christopher Nolan ya nos habría contado hasta cómo cagan estos seres.

En ocasiones, el ritmo de la película puede llegar a aburrir, lo entiendo. Hay largas secuencias en las que Scarlett no hace más que mirar a los transeúntes que pasan por la calle, pero si nos metemos en la piel de un alienígena analizando la fauna urbana, se hacen muy llevaderas. Otras escenas se me quedarán grabadas en la memoria por siempre, y es que Under the Skin contiene algunas de las imágenes más DESAGRADABLES que he tenido ocasión de ver en una película. Pero no estoy hablando de sangre, heces, cadáveres ni nada que pueda generar una sensación de asco. No es desagradable como El ciempiés humano. Lo que te deja jodido es el choque frontal de la ética alienígena con la humana en ciertas situaciones. Sólo diré una cosa: escena de la playa.

Under the Skin es la segunda vez que descubro a Scarlett Johansson en un papel peculiar, pues ya en la maravillosa Her consiguió impresionarme interpretando a un personaje incorpóreo únicamente con su voz, (motivo por el cual en este caso recomiendo la versión original, si la ves doblada te pierdes el 100% de su interpretación). Me encanta verla apostando por proyectos inusuales y creciendo como actriz. Y que arriesgue y salga de la zona de confort que suponen superproducciones como Los Vengadores o Lucy. Sin duda, ha demostrado ser mucho más que una cara bonita.

En definitiva, ¿te gusta la ciencia-ficción? ¿Te gusta Scarlett Johansson? ¿Dirías que estás un poco enfermo? Pues te gustará Under the Skin. Y si no, siempre podrás disfrutar de sus bellos parajes escoceses, que dudo que disgusten a nadie.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Baba DOOK! DOOK! DOOK!






Babadook no es una película de terror convencional. Sí que parte de una premisa que ya conocemos: el niño dice que hay un monstruo en el armario, pero a partir de aquí reúne una serie de méritos que la hacen destacar entre las películas de terror genéricas que bombardean nuestros cines.

Lo primero que llama la atención es su apartado visual. Como ya se veía venir desde el póster, es una película que se preocupa por su estética. Los planos dan la sensación de estar muy cuidados, como si de una película de Wes Anderson se tratara (vale, quizás no al nivel enfermizo de este hombre). Algunos ayudan a transmitir muy bien la angustia de la protagonista, como ése de la lámpara que aparece cada vez que se asoma por las sábanas y coincide con lo que ella está viendo en ese instante. Ay, cuánto juego da el planito de la lámpara...
Otro punto a señalar aquí: la película es bastante luminosa y colorida para pertenecer al género al que pertenece. Esto le confiere una atmósfera única.

Sin ponernos demasiado técnicos -cosa que no puedo permitirme pues carezco de conocimientos de cine-, podría concluir que la película es bonita a nivel formal.

¿Y qué herramientas usa para transmitir terror esta película de terror? Pues yo diría que destaca más por las que no usa. No hay golpes sonoros tras un alargado silencio como recurso para hacerte botar en la butaca, lo que agradezco ENORMEMENTE. Creo que el mayor problema que tiene este género en la actualidad es que confía en asustar con estos golpes sonoros o sustos repentinos en lugar de valerse del terror psicológico, mucho más sutil pero efectivo. Así lo que logran no es asustar de verdad, sino provocar una reacción refleja ante la sorpresa que es natural en nuestro cuerpo. Como sobresaltarse cuando explota un petardo en la calle.

Tampoco hay escenas de violencia gratuita o excesivamente gráfica. No las necesita, es una película elegante. En su lugar tiene un libro de desplegables que predice ciertos eventos funestos. ¿Se llegan a cumplir? No spoilearé nada.





Pero Babadook no es la historia de un monstruo en el armario, sino una historia sobre la pérdida. Sobre el estado de duelo en el que ha vivido la protagonista desde la muerte de su marido. ¿Qué tiene que ver nuestro amiguito del sombrero de copa en todo esto? Pues esto es lo que yo interpreté: 




Babadook representa la pérdida no superada. Por eso vive en el sótano con todas las cosas del marido. Su empeño en «entrar» simboliza las emociones que la madre reprime a duras penas y amenazan con apoderarse de ella. Finalmente supera su duelo pero hasta cierto punto, porque aunque Babadook deja de molestarles, acaba encerrado en el sótano y es alimentado diariamente cual mascota, como metáfora de la pérdida superada pero no olvidada. 


Fin del spoiler.


 Y los guiños al cine de terror clásico, un factor más que eleva esa elegancia que tiene la película. Desde las películas que iluminan el salón noche tras noche hasta el propio diseño de Babadook, referencia directa a Nosferatu.

Me gustaría que esta entrada sirviera para que si algún lector descarriado se topase con ella por casualidad, le diera una oportunidad a Babadook la próxima vez que pretenda ver la enésima película de sustos baratos. Ah, ¿que prefieres una de ese estilo? Pues recuerda que if it's in a word or it's in a look, you can't get rid of the Babadook.